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Frutas

Por qué las fresas tienen las semillas por fuera

Respuesta rápida

La fresa invierte la imagen habitual de una fruta: la parte roja y jugosa procede sobre todo del receptáculo de la flor, mientras cada pequeño punto duro de fuera es un fruto llamado aquenio.

Las fresas parecen tener las semillas por fuera porque la parte roja y jugosa no es el fruto derivado de un único ovario como ocurre en muchas otras plantas. Los pequeños puntos duros de la superficie son frutos individuales llamados aquenios, y dentro de cada aquenio suele haber una semilla.

La pulpa roja procede principalmente del receptáculo floral, el tejido que sostenía las estructuras reproductivas de la flor. Cuando ese receptáculo aumenta muchísimo de tamaño, los aquenios permanecen distribuidos por su superficie.

Cada punto es técnicamente un fruto y no una semilla desnuda

Una flor de fresa posee muchos ovarios separados. Tras la polinización y la fecundación, cada ovario puede convertirse en un pequeño fruto seco. Botánicamente ese fruto se llama aquenio.

Lo que coloquialmente llamamos semilla de fresa es por tanto el aquenio completo que vemos y notamos al masticar. La semilla verdadera está encerrada dentro de su pared.

Una fresa puede llevar alrededor de un par de centenares de aquenios, aunque el número cambia con la variedad, el desarrollo de la flor y el éxito de la polinización.

La parte roja es un receptáculo floral que se ha agrandado

En frutas conocidas como melocotón, tomate o uva, gran parte del fruto procede del ovario. La fresa sigue otro diseño. Después de la fecundación, el receptáculo situado debajo de todos los ovarios se expande y se transforma en el tejido blando, dulce y rojo que comemos.

Como los ovarios estaban originalmente colocados alrededor de la parte exterior de ese receptáculo, sus aquenios maduros siguen fuera mientras el tejido se hincha. No son semillas empujadas desde el interior. La disposición procede directamente de la anatomía de la flor.

Por esta razón la fresa se describe como fruto agregado accesorio: agregado porque intervienen muchos ovarios y accesorio porque buena parte del tejido comestible procede de una estructura distinta de esos ovarios.

Los aquenios ayudan a dirigir el crecimiento de la fresa

Los pequeños frutos superficiales no son simples adornos. Cuando los óvulos se fecundan, los aquenios en desarrollo generan señales hormonales, entre ellas relacionadas con auxinas, que estimulan la expansión del receptáculo cercano.

Si una zona de la flor se poliniza mal o sufre daño por insectos, frío u otro estrés, algunos aquenios no se desarrollan con normalidad. El tejido rojo próximo puede crecer menos y producir una fresa deformada, hundida o asimétrica.

Por eso a los productores les importa la polinización no solo para que se formen semillas, sino también para lograr una forma y tamaño uniformes del fruto comercial.

Por qué esos frutos externos se comen sin problema

Los aquenios forman parte normal y comestible de la fresa. Sus paredes firmes aportan una textura ligeramente granulosa, pero casi todo el mundo los traga sin prestarles atención. Retirarlos dañaría el receptáculo blando y no ofrece una ventaja culinaria habitual.

La producción comercial de fresa utiliza con frecuencia estolones y plantas de vivero, así que los aquenios de la fruta del supermercado no están ahí porque se espere que el consumidor los plante. Simplemente son el resultado natural del ciclo de la flor.

El número y la distribución de aquenios también ayudan a explicar por qué dos fresas de la misma planta pueden tener formas distintas. Una flor polinizada de manera uniforme recibe señales de crecimiento alrededor de todo el receptáculo; si una zona fecunda peor, esa parte puede expandirse menos. El tiempo durante la floración, la actividad de polinizadores y el daño en la flor pueden dejar así una huella visible en la fruta madura.

Al cortar o triturar fresas, los aquenios siguen presentes porque sus paredes secas son más resistentes que el receptáculo blando. Son responsables de parte de la textura moteada o ligeramente crujiente de purés y mermeladas y no representan suciedad añadida durante el procesado.

La misma anatomía explica otra sorpresa: la fresa no es una baya verdadera según la definición botánica estricta, mientras frutas como el plátano sí entran en esa categoría. El lenguaje culinario y la botánica clasifican con criterios distintos.

Las aparentes semillas están fuera porque la fresa se construye a partir de muchos pequeños frutos situados sobre una base floral agrandada. El receptáculo se hincha a su alrededor y los aquenios permanecen exactamente donde estaban los ovarios originales: en la superficie.

Fuentes