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Las semillas con más proteína: ranking por 100 gramos y por ración

Respuesta rápida

Cáñamo y calabaza pueden acercarse al pollo por proteína cuando todo se compara por 100 g. La diferencia aparece en el plato: una ración de semillas suele ser de 20–30 g y aporta alrededor de 5–10 g.

Hay un dato que llama mucho la atención: las semillas de cáñamo y calabaza rondan 30 g de proteína por 100 g, prácticamente lo mismo que una pechuga de pollo cocinada. El dato es correcto, pero la comparación cambia en cuanto dejamos de imaginar 100 g y pensamos en una cucharada o un puñado.

Una ración normal de semillas suele estar más cerca de 20–30 g. Por eso aquí conviene separar desde el principio concentración por peso de proteína en la cantidad que realmente añadimos a una comida.

Proteína por 100 g y en una ración de 30 g

Semilla Proteína/100 g Proteína/30 g
Cáñamo pelado 31,6 g 9,5 g
Calabaza pelada 30,2 g 9,1 g
Girasol 20,8 g 6,2 g
Lino 18,3 g 5,5 g
Sésamo 17,7 g 5,3 g
Chía 16,5 g 5,0 g

El ranking tiene una ruptura clara: cáñamo y calabaza forman un primer grupo alrededor de 9 g por 30 g; las demás se mueven aproximadamente entre 5 y 6 g. Esa diferencia sí se nota. Dentro del segundo grupo, en cambio, la proteína está bastante agrupada y empiezan a importar más la fibra, el tipo de grasa y el uso culinario.

Cáñamo y calabaza destacan de verdad, pero siguen funcionando como complemento

El cáñamo pelado aporta unos 31,6 g/100 g y la semilla de calabaza 30,2 g. En una ración de 30 g son 9,5 y 9,1 g de proteína, una cantidad notable para algo que cabe en unas pocas cucharadas.

La comparación con el pollo sirve para entender el límite. Ciento cincuenta gramos de pechuga cocinada rondan 46,5 g de proteína; 30 g de cáñamo, 9,5 g. Por peso son casi iguales, pero no ocupan el mismo lugar ni el mismo volumen en una comida.

En el resto del grupo, otros nutrientes explican mejor las diferencias

El girasol aporta unos 6,2 g de proteína por 30 g; lino 5,5 g, sésamo 5,3 g y chía 5,0 g. Entre estas cuatro semillas, la distancia proteica de una ración es pequeña.

La chía ronda 34 g de fibra/100 g y el lino unos 27 g. En 20 g, la chía aporta aproximadamente 3,3 g de proteína y 6,8 g de fibra; el lino, 3,7 g de proteína y 5,4 g de fibra. En esa cantidad, la fibra puede ser más característica que el puesto en proteína. El girasol, por su parte, destaca por vitamina E y cobre; el sésamo aporta minerales y es la base del tahini.

La concentración de proteína viene acompañada de mucha energía

La mayoría de estas semillas supera 500 kcal/100 g debido a su contenido en grasa. El cáñamo ronda 550 kcal y 31,6 g de proteína, frente al pollo cocinado, con unas 165 kcal y 31 g.

La proteína por peso es casi idéntica; la energía es más de tres veces superior. Eso no hace peor al cáñamo: indica que también aporta grasas insaturadas, minerales y otros componentes que el pollo no aporta.

Dónde encajan mejor en una comida

Una ración de 20–30 g puede añadir entre 5 y 10 g de proteína a un yogur, avena, ensalada, crema o plato de legumbres. Ahí es donde funcionan especialmente bien: elevan el total sin necesidad de convertirse en el centro del plato.

Si el objetivo es alcanzar 25–30 g de proteína en una comida, resulta más realista combinar esa ración de semillas con yogur, soja, legumbres, huevos u otra fuente principal que intentar conseguir todo el objetivo aumentando indefinidamente la cantidad de semillas.

La idea útil

Cáñamo y calabaza sí se separan del resto por proteína. Girasol, lino, sésamo y chía quedan más agrupados y se distinguen mejor por fibra, grasas y micronutrientes. Las semillas son muy concentradas por peso, pero en la ración habitual su papel natural suele ser sumar, no cargar solas con toda la proteína de la comida.

Fuentes