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Pescados y mariscos Nutrición y composición Rankings y mejores fuentes

Los pescados con menos calorías

Respuesta rápida

Los pescados blancos y magros dominan el extremo bajo del ranking. Referencias USDA sitúan platija/lenguado alrededor de 70 kcal por 100 g crudos, eglefino en 74 y bacalao atlántico cerca de 82. En bases españolas, rape, gallo y merluza aparecen habitualmente en el entorno de 70–90 kcal/100 g. La preparación puede cambiar el resultado mucho más que unos pocos puntos del ranking.

Para comparar calorías de pescado hay que igualar el estado. El ranking siguiente utiliza referencias crudas por 100 g, sin aceite, rebozado ni salsa. Cocinar reduce agua y puede concentrar las calorías por 100 g aunque no se añada grasa.

Pescados en el extremo bajo

Pescado crudo Kcal/100 g aprox. Grasa aprox.
Platija/lenguado, referencia USDA de peces planos ~70 ~1.9 g
Eglefino ~74 ~0.5 g
Rape ~75–80 ~0.7 g
Bacalao atlántico ~82 ~0.7 g
Merluza ~65–90 ~1–2 g
Abadejo/pollock ~90–95 ~1 g

Las cifras varían por especie concreta y base de datos. La referencia USDA de peces planos aporta unas 70 kcal y 12.4 g de proteína por 100 g; el eglefino ronda 74 kcal y 16.3 g de proteína.

La grasa explica buena parte de la diferencia

La grasa aporta unas 9 kcal por gramo. Un pescado con 1 g de grasa recibe unas 9 kcal de ese nutriente; uno con 12 g recibe alrededor de 108 kcal solo de grasa. Por eso salmón, caballa o arenque suelen superar claramente a los pescados blancos en energía por 100 g.

Menos calorías no significa mejor en todo

Los pescados grasos pueden aportar más EPA y DHA, vitamina D y energía. Elegir bacalao por 82 kcal frente a un salmón cercano a 200 kcal tiene sentido si el objetivo es densidad energética, pero no demuestra que el bacalao tenga un perfil nutricional superior en todos los aspectos.

La cocción cambia la comparación

Freír o añadir 15 g de aceite incorpora potencialmente hasta unas 135 kcal adicionales si todo ese aceite queda en la preparación. Incluso sin aceite, hornear puede concentrar nutrientes por 100 g al evaporar agua.

La forma de cocinar puede pesar más que la especie

Una ración de pescado blanco puede empezar con pocas calorías y terminar siendo un plato bastante energético si se reboza, se fríe o se acompaña con una salsa abundante. El aceite aporta unas 9 kcal por gramo, de modo que unas cucharadas absorbidas durante la cocción pueden superar fácilmente la diferencia existente entre dos especies magras. Cocinar al horno, vapor, papillote, plancha o air fryer con una cantidad medida de grasa mantiene mejor la ventaja de una especie baja en calorías.

También conviene comparar raciones reales. Un filete de 180 g aporta aproximadamente 1,8 veces las calorías indicadas por 100 g antes de contar el aceite o acompañamiento. Una especie algo más calórica en una porción pequeña puede aportar menos energía total que un filete enorme del pescado situado primero en una tabla.

La proteína suele ser alta en muchos pescados magros, por lo que ofrecen una densidad proteica interesante. Aun así, elegir siempre el pescado con menos calorías puede reducir variedad y desplazar especies grasas que aportan EPA y DHA. Alternar pescados magros y grasos permite equilibrar energía, micronutrientes y omega-3 según el resto de la dieta.

Por último, “pescado blanco” no es una cifra nutricional exacta. La especie, la época del año, el contenido de grasa y el corte generan variación. Cuando el objetivo exige precisión, la etiqueta del producto concreto o una base de datos fiable es preferible a asumir que todos los filetes blancos tienen el mismo valor.

La saciedad no depende solo de las calorías por 100 g. Una ración de pescado aporta proteína, agua y una textura que puede resultar más o menos satisfactoria según acompañamiento y preparación. Combinar un pescado magro con verduras, patata, arroz o legumbres permite construir un plato completo sin necesidad de elegir siempre la especie con el número más bajo de la tabla.

Al comparar etiquetas de pescado congelado, conviene fijarse en si el peso incluye un glaseado de hielo o si el producto lleva ingredientes añadidos. Un filete natural y uno empanado o marinado no pertenecen a la misma comparación. Usar el valor nutricional del producto concreto evita trasladar cifras de pescado crudo simple a una preparación industrial con aceite, sal o recubrimientos.

En dietas con objetivos energéticos concretos, registrar también el aceite y las guarniciones evita atribuir al pescado diferencias que en realidad proceden de la receta completa. La especie es solo uno de los componentes del plato.

La idea útil

Los pescados magros suelen moverse aproximadamente entre 70 y 95 kcal por 100 g crudos. Para una comparación justa, mira siempre la especie, el estado y la grasa añadida.

Fuentes