Los frutos secos con más proteína: ranking por 100 gramos y por ración
Almendras y pistachos encabezan el grupo, pero el dato importante está en el puñado: 30 g aportan alrededor de 6 g de proteína, no los más de 20 g que sugiere la cifra por 100 g.
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Almendras y pistachos encabezan el grupo, pero el dato importante está en el puñado: 30 g aportan alrededor de 6 g de proteína, no los más de 20 g que sugiere la cifra por 100 g.
El atún aleta amarilla ronda 29 g de proteína por 100 g cocinados y encabeza claramente la comparación. La mayoría de los demás pescados de la lista se mueve entre 20 y 24 g, así que para elegir entre ellos suelen importar más las calorías, la grasa omega-3 y, en especies concretas, el mercurio.
La soja y el altramuz se separan claramente del resto cuando comparamos legumbres cocidas. Lentejas, garbanzos y alubias, en cambio, están tan cerca que elegir entre ellas por unas décimas de proteína tiene poco sentido.
Entre carnes magras cocinadas hay menos distancia de la que parece: la mayoría se mueve entre 27 y 33 g de proteína por 100 g. El corte y el agua perdida al cocinar pueden importar tanto como la especie.
Un huevo estropeado suele presentar un olor desagradable muy claro al cascarlo. La prueba del agua indica que el huevo es más viejo, pero no confirma si es seguro o está malo.
Con el arroz, el momento decisivo empieza antes de cerrar el táper. La pauta conservadora de la FSA es enfriarlo rápido, idealmente en una hora, refrigerarlo y consumirlo dentro de 24 horas.
Cuando la sartén acaba convertida en una pequeña piscina, es fácil culpar a la carne. Pero el músculo ya contiene alrededor de un 70–75 % de agua; el verdadero juego está en cuánto libera y si la sartén puede evaporarla a tiempo.
El ranking cambia mucho cuando dejamos de preguntar 'cuánta proteína hay en 100 g' y preguntamos 'cuánta obtengo por 100 kcal'. Ahí suben el bacalao, el atún magro, las claras, el pavo y el pollo.
Un olor desagradable persistente o una superficie viscosa son motivos claros para desechar pollo. El color por sí solo es menos fiable y un aspecto normal no garantiza seguridad.
Chía y lino son los alimentos más concentrados en fibra por 100 g, pero una ración de legumbres puede aportar más fibra total que una cucharada de semillas.