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Huevos Seguridad alimentaria Conservación y almacenamiento Mitos y preguntas frecuentes

Cómo interpretar la fecha de los huevos

Respuesta rápida

En España y la UE, los huevos de gallina llevan una fecha de duración mínima que no puede situarse más allá de 28 días desde la puesta. No es lo mismo que una fecha de caducidad ni que el código impreso en la cáscara. La fecha supone que el huevo se ha conservado correctamente; cuanto más se acerca o supera, más importante es cocinarlo completamente y no confiar en una prueba casera para “certificar” seguridad.

En una caja de huevos aparecen números en la cáscara, una fecha en el envase y, a veces, referencias a “extra frescos”. Es fácil asumir que todo indica lo mismo. La fecha que importa para el consumo doméstico en la UE es la fecha de duración mínima, fijada como máximo a 28 días desde la puesta.

Los 28 días empiezan cuando la gallina pone el huevo

AESAN resume la regla de forma clara: los huevos deben suministrarse al consumidor en un plazo máximo de 28 días desde la puesta y, para huevos de gallina, la fecha de duración mínima también se fija como máximo a esos 28 días.

Por ejemplo, si un huevo se puso el 1 de septiembre, su fecha de duración mínima no puede situarse después del 29 de septiembre. No se cuentan 28 días desde que lo compras ni desde que abres el cartón.

No es una “fecha de caducidad”

La legislación alimentaria distingue entre fecha de caducidad y fecha de duración mínima. La segunda indica hasta cuándo el alimento conserva sus propiedades específicas cuando se ha almacenado correctamente. En los huevos de categoría A se utiliza esta fecha de duración mínima.

Eso no convierte el día 29 en un interruptor que transforme instantáneamente un huevo normal en uno peligroso. Pero tampoco significa que la fecha pueda ignorarse: con el tiempo aumenta la cámara de aire, la clara se vuelve más fluida, la yema se aplana y se reduce el margen de calidad.

Qué hacer cuando la fecha está cerca

Si los huevos se han mantenido correctamente, la fecha está próxima y la cáscara está intacta, puedes destinarlos a preparaciones bien cocinadas. Cuanto mayor sea la incertidumbre sobre edad o conservación, menos sentido tiene utilizarlos en mayonesa casera, tiramisú, huevos poco cuajados u otras recetas en las que el interior no alcanza una cocción completa.

La fecha nunca compensa una mala conservación. Un huevo agrietado o que ha sufrido condiciones inadecuadas no recupera seguridad porque todavía queden varios días impresos en la caja.

“Extra” o “extra fresco” significa un periodo mucho más corto

La normativa europea permite utilizar las menciones “extra” o “extra fresco” solo hasta el noveno día después de la puesta. Cuando se utiliza esa indicación, debe mostrarse la fecha de puesta y el límite de nueve días.

Por tanto, “extra fresco” no significa que el huevo tenga una fecha de duración mínima distinta de 28 días; identifica una ventana inicial de frescura especialmente corta.

El código de la cáscara no es la fecha

El código impreso directamente en el huevo identifica principalmente el sistema de cría, el país y la explotación de origen. Un comienzo como “0ES…”, “1ES…”, “2ES…” o “3ES…” no indica día ni mes.

No conviene intentar calcular la edad del huevo a partir de esos dígitos. Para eso hay que mirar la fecha del envase y, cuando proceda, la fecha de puesta indicada en huevos comercializados como extra frescos.

¿Puede una prueba del agua sustituir a la fecha?

No. Un huevo que flota tiene una cámara de aire grande y suele ser más viejo, mientras que uno que se hunde suele ser más fresco. Pero esa prueba estima sobre todo edad relativa y calidad física; no detecta Salmonella ni certifica que un huevo sea seguro.

La fecha, la integridad de la cáscara y el historial de conservación aportan información que el vaso de agua no puede ofrecer.

Por qué importa conservarlos de forma estable

AESAN indica que, hasta la venta, los huevos deben mantenerse limpios, secos y a una temperatura preferiblemente constante. En casa conviene evitar cambios térmicos repetidos que produzcan condensación en la cáscara.

Si optas por refrigerarlos después de la compra, mantenlos así de forma estable y en su envase. La fecha de duración mínima supone unas condiciones de conservación adecuadas; no es una garantía frente a abusos de temperatura.

También ayuda mantener el cartón cerrado y alejado de alimentos con olores intensos. El envase protege frente a golpes, facilita conservar la información de fecha y reduce el intercambio de olores y humedad. Sacar solo los huevos que vas a utilizar evita ciclos térmicos innecesarios para el resto.

La lectura correcta del envase

Fecha de duración mínima: máximo 28 días desde la puesta. “Extra fresco”: solo hasta el día 9. Código de la cáscara: origen y sistema de cría, no fecha. Con esas tres ideas se evita la mayor parte de la confusión al mirar una caja de huevos.

Fuentes