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Conceptos de nutrición

Cómo interpretar azúcar, grasas y sal en una etiqueta nutricional

Respuesta rápida

La forma más fiable de comparar dos productos en España es empezar por la columna por 100 g o 100 ml. Después mira saturadas dentro de la grasa, azúcares dentro de los hidratos y sal. La porción sirve para saber cuánto consumes; no siempre sirve para comparar.

Una etiqueta nutricional parece una lista de números, pero en realidad responde a tres preguntas distintas: qué contiene el producto, cuánto contiene en una cantidad comparable y cuánto acabas comiendo tú. Mezclar esas tres preguntas es la causa de muchas interpretaciones erróneas.

Empieza por 100 g o 100 ml

En la Unión Europea, la declaración nutricional obligatoria incluye energía, grasas, grasas saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas y sal. Debe expresarse por 100 g o 100 ml, precisamente para facilitar la comparación entre alimentos.

Si un yogur A tiene 5 g de azúcar/100 g y otro 12 g/100 g, el segundo contiene 7 g más por la misma cantidad. Comparar una porción de 125 g con otra de 170 g sin ajustar puede ocultar esa diferencia.

La comparación es más útil entre productos equivalentes. Dos panes, dos cereales o dos salsas pueden compararse por 100 g con bastante sentido. Hacer lo mismo entre aceite y sopa aporta menos información porque son alimentos con funciones y densidades muy distintas.

“Azúcares” no significa automáticamente “azúcar añadido”

En la etiqueta europea, “de los cuales azúcares” incluye los azúcares presentes en el alimento, también los que aparecen de forma natural. Una leche natural contiene lactosa; una fruta triturada contiene sus propios azúcares.

Para saber si además se han añadido azúcar, jarabes, miel u otros ingredientes dulces, hay que mirar la lista de ingredientes. Una cifra de 5 g de azúcares no explica por sí sola de dónde proceden.

Esto importa especialmente en lácteos y productos con fruta. Un yogur natural puede mostrar varios gramos de azúcares aunque no lleve azúcar añadido, mientras un postre lácteo con una cifra parecida puede contener una formulación distinta. Tabla e ingredientes se interpretan mejor juntos.

Grasa total y saturada cuentan cosas diferentes

Un alimento puede tener 20 g de grasa total y solo 3 g de saturadas, mientras otro puede tener 12 g de grasa total y 8 g de saturadas. El segundo tiene menos grasa total pero 5 g más de saturadas por 100 g.

Por eso no basta con elegir siempre el producto con el número más bajo en “grasas”. Mira también “de las cuales saturadas” y el tipo de alimento.

El contexto culinario también cuenta. Un aceite puede ser casi todo grasa y, aun así, estar formado principalmente por grasa insaturada; un producto con menos grasa total puede concentrar una proporción mayor de saturadas. La línea de grasa total responde a cantidad, mientras la de saturadas aporta información sobre parte de la calidad de esa grasa.

La sal no es lo mismo que el sodio

En la UE se declara sal. En etiquetas estadounidenses se declara sodio. No son números intercambiables: 1 g de sodio equivale aproximadamente a 2,5 g de sal.

Así, un producto con 0,8 g de sal por 100 g equivale a unos 320 mg de sodio por 100 g. Esta conversión es útil cuando comparas información de mercados distintos.

Para una ración real, hay que volver a multiplicar. Si comes 250 g de un alimento con 0,8 g de sal/100 g, la ración aporta unos 2 g de sal. Una cifra moderada por 100 g puede convertirse en una cantidad importante si la porción es grande.

Qué significan las ingestas de referencia

Para un adulto de referencia, la normativa europea utiliza 2.000 kcal, 70 g de grasa, 20 g de saturadas, 260 g de hidratos, 90 g de azúcares, 50 g de proteína y 6 g de sal al día.

Esos valores no son una dieta personalizada. Sirven como referencia de etiquetado. Además, el valor de 90 g corresponde a azúcares totales, no a una recomendación de consumir 90 g de azúcar añadido.

Una persona puede necesitar más o menos energía que ese adulto de referencia. Por eso los porcentajes sirven para orientarse y comparar, no para convertir cada comida en una obligación de alcanzar exactamente un determinado porcentaje de cada nutriente.

La porción responde a otra pregunta

Una crema puede tener 400 kcal/100 g, pero si la ración real son 15 g aporta 60 kcal. Por otro lado, un plato preparado de 150 kcal/100 g puede aportar 450 kcal si el envase de 300 g se come entero.

Usa 100 g para comparar productos y la porción real para calcular lo que comes. Las dos columnas son útiles, pero para tareas diferentes.

La porción del fabricante tampoco tiene por qué coincidir con la tuya. Si un envase sugiere 30 g y normalmente consumes 50 g, calcula sobre 50. La etiqueta se vuelve mucho más útil cuando se adapta a una cantidad observada en vez de aceptar la ración sugerida como si fuera una prescripción.

Un método de 20 segundos

Primero compara por 100 g/100 ml. Segundo, mira saturadas, azúcares y sal, no solo grasa o hidratos totales. Tercero, revisa ingredientes para entender de dónde vienen esos números. Cuarto, multiplica por la cantidad que realmente vas a comer.

Si comparas dos productos muy parecidos, céntrate en las diferencias que de verdad sean grandes. Perseguir unas décimas de sal o azúcar puede tener menos importancia que una diferencia clara en ración, fibra, proteína o ingredientes principales.

La idea útil

Una buena lectura de etiqueta compara cantidades equivalentes: 100 g con 100 g o 100 ml con 100 ml. Después distingue saturadas frente a grasa total, azúcares frente a hidratos y conecta la tabla con los ingredientes y con la ración real.

La etiqueta no necesita convertirse en un examen. Su función más útil es ayudarte a responder preguntas concretas: cuál de dos opciones tiene menos sal, cuál aporta más proteína por la misma cantidad o cuánto azúcar total entra realmente en tu porción.

Fuentes