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Pescados y mariscos Nutrición y composición Comparativas

Sardinas vs. atún: proteína, omega-3 y mercurio

Respuesta rápida

Sardinas y atún en conserva pueden aportar alrededor de 24–26 g de proteína por 100 g, así que por proteína casi empatan. La diferencia aparece al mirar el resto: las sardinas aportan mucho más EPA y DHA, pueden sumar bastante calcio cuando se comen las espinas y presentan niveles de mercurio muy bajos. En el atún, el mercurio cambia según la especie.

Una lata de sardinas y una de atún parecen resolver exactamente lo mismo: abrir, escurrir y tener proteína lista en un minuto. Y, de hecho, por proteína se parecen mucho. La comparación cambia cuando se mira qué acompaña a esos gramos de proteína.

En proteína hay un empate práctico. Las sardinas se despegan en EPA y DHA, calcio si se comen las espinas y niveles muy bajos de mercurio. El atún al natural puede ser bastante más magro, pero no todos los atunes tienen el mismo perfil.

Una comparación útil entre conservas escurridas

Las cifras dependen de la especie y del líquido de cobertura, así que tiene más sentido trabajar con rangos representativos que fingir que todas las latas son idénticas.

Por 100 g escurridos Sardinas Atún claro al natural
Proteína ~24–25 g ~25–26 g
Grasa ~10–12 g ~1 g
EPA + DHA ~1,3–1,5 g ~0,2 g
Mercurio medio FDA ~0,01 ppm ~0,13 ppm

La diferencia de proteína es de apenas 1–2 g por 100 g. En omega-3 ocurre lo contrario: una ración de sardinas puede aportar seis o siete veces más EPA+DHA que el atún claro en agua.

En una porción escurrida de 80–100 g, ambos siguen siendo alimentos muy proteicos. La decisión práctica rara vez depende de uno o dos gramos de proteína; suele depender más de grasa, omega-3, calcio, sodio, especie y frecuencia de consumo.

El atún es más magro; las sardinas aportan más grasa con otra función

El atún al natural suele tener muy poca grasa y, por tanto, también menos calorías. Las sardinas contienen bastante más, sobre todo si van en aceite. Eso no significa que la diferencia sea simplemente “buena” o “mala”: parte de esa grasa incluye EPA y DHA.

El aceite de cobertura también cuenta. Una sardina en aceite sin escurrir no es comparable a un atún al natural bien escurrido, porque parte de la diferencia calórica vendría del aceite añadido y no del pescado.

Para comparar dos latas concretas, la etiqueta escurrida es la referencia útil. Una conserva en aceite puede encajar perfectamente, pero aporta una densidad energética distinta de una versión al natural.

En omega-3, la diferencia ya no es pequeña

NIH recoge alrededor de 1,19 g de EPA+DHA en 85 g de sardinas en conserva escurridas en salsa de tomate. Eso equivale aproximadamente a 1,4 g por 100 g.

El atún claro en agua escurrido ronda 0,19 g por 85 g, unos 0,22 g por 100 g. No estamos hablando de unas décimas sin importancia: las sardinas pueden aportar varias veces más.

Eso convierte a las sardinas en una opción especialmente útil cuando el objetivo no es solo proteína, sino también aumentar EPA y DHA sin necesitar una ración grande de pescado.

El mercurio también separa bastante a ambos

AESAN incluye la sardina entre las especies de bajo contenido en mercurio. Con el atún hay que afinar más: el atún rojo figura entre las especies de alto contenido y otros tipos presentan valores distintos.

Los promedios de FDA ayudan a poner escala: sardina, alrededor de 0,01 ppm; atún claro en conserva, 0,13 ppm; albacora y aleta amarilla, cerca de 0,35 ppm; patudo, alrededor de 0,69 ppm.

Por eso decir simplemente “el atún tiene X mercurio” borra una diferencia importante entre especies y productos. Para población vulnerable, importa seguir las recomendaciones específicas y no extrapolar un valor de una especie a todas.

Las espinas blandas de las sardinas cambian además el calcio

En muchas conservas de sardinas las espinas son tan blandas que se comen sin problema, y ahí aparece una ventaja que el atún no comparte. Una ración de 85 g puede aportar alrededor de 300 mg o más de calcio, mientras el atún en conserva sin huesos aporta muy poco.

Eso no convierte a las sardinas en “mejores” para todo, pero sí muestra por qué mirar solo la proteína deja fuera una parte relevante de la comparación.

¿Cuál tiene más sentido tener en la despensa?

Los dos. El atún al natural ofrece mucha proteína con muy poca grasa y un sabor fácil de incorporar a ensaladas, bocadillos o platos fríos. Las sardinas ofrecen prácticamente la misma proteína, pero suman mucho más EPA+DHA, calcio si se comen las espinas y un perfil de mercurio muy bajo.

También merece la pena mirar el sodio, que cambia bastante entre marcas y líquidos de cobertura. Dos conservas de la misma especie pueden parecer equivalentes por proteína y diferir de forma clara en sal.

Si el único criterio es proteína, casi empatan. Si miras el conjunto nutricional, las sardinas aportan varias cosas que el número de proteína no cuenta.

Fuentes